Politica y cochinos mal capados

Hay momentos en los que uno debe repensar muy bien cuáles son sus prioridades, y en el aspecto sociopolítico, en más de una ocasión he tenido que decidir entre ser fiel a mi filosofía política, o ser pragmático. Pero como mi pensamiento en este ámbito oscila entre la extrema izquierda en algunos aspectos, el anarquismo en otros, mientras a la vez puedo ser socialista e incluso liberal y también un decidido militante antinacionalista; entendiendo por nacionalismo, aquel pensamiento que para amar a su tierra natal, tiene que odiar y denigrar a otra, o culparlas de aquello que quisieron ser y no pueden o pudieron. Y eso vale para nacionalistas españoles y periféricos.

Lo anterior viene a cuento porque cual caballero andante, siempre he ofrecido mis humildes armas al servicio de causas (perdidas casi siempre) donde por norma he antepuesto el valor de las personas al de los idearios, porque en mi caso, es mucho más importante la catadura moral que la ideología política, como bien saben todos mis amigos y podéis ver en el amplio espectro de mi muro de Facebook.

Por ser fiel a mis ideas, comencé pronto mis encontronazos políticos y desde 1974 hasta 1977 fui expulsado dos veces de las Juventudes Comunistas del PCE. La primera fue por “revisionista” al no creer en las bondades de la “Dictadura del Proletariado”, aunque luego el 8º Congreso del PCE me dio la razón y me readmitieron. Luego, al criticar que el 80 % de mis compañeros de partido eran hijos de burgueses y simplemente se divertían buscando emociones fuertes, fui expulsado “por ácrata”. La tercera y última fue en las elecciones de 1979, por el terrible pecado de ir a buscar desde Guadalajara a Madrid, una furgoneta con megafonía para mis amigos del PSP de Tierno Galván.

Desde entonces estuve alejado de la política hasta que la UPyD que lideraba Cristina Andreu en Aragón, me hizo pensar que podía haber un camino para devolver la dignidad a la política. Así, aunque no comulgara con su ideario, me cayera francamente mal Rosa Díez y nunca llegara a ser militante, había sangre nueva y ganas de cambiar un país que ni PP ni PSOE iban a llevar a cabo. De ese modo, durante unos meses trabajé con su equipo en asuntos relacionados especialmente con la política hidráulica, y con mucha intensidad contra la estúpida idea trasvasista que nunca abandonó la directiva de esa formación.

Pronto volví a comprobar que la decencia es difícilmente compatible con la política, y Cristina fue ninguneada y aislada por los mismos trepas que luego abandonarían UPyD para pasarse a Ciudadanos, donde sin duda estaban más a gusto. Cristina abandonó el partido y yo tampoco volví por allí.

Un caso realmente curioso es el del PSOE, donde conozco gente realmente valiosa (que ahora mismo dudo que sigan pagando sus cuotas y seguro que le dan vueltas a su permanencia) y una serie de canallas corruptos y cínicos que merecerían pudrirse en la cárcel. Sin embargo, me cayó bien Susana Sumelzo, a la que creí el delfín de Lambán para seguir gobernando en la sombra y con la que coincidí un par de veces esperando el AVE en Madrid.

Susana me pareció una persona normal, algo que como ya sabéis casi todos es algo muy raro en ese mundillo, y digno de alabanza entre tanto imbécil engreído. Desde entonces he seguido a distancia su trayectoria en el PSOE, porque siendo como era una “ahijada política” de Lambán, quería saber cuántos pelos se iba a dejar en la gatera cuando Lambán se lo reclamara. Pero o bien Lambán es mucho más ladino y maquiavélico de lo que suponía (que es muchísimo) o bien le “salió el gorrino mal capado” y Susana ha demostrado ser hoy por hoy uno de los cargos políticos más honestos de los viejos partidos.

Susana Sumelzo ha demostrado una valentía excepcional en este mundillo de trepas y estómagos agradecidos, una valentía que quizá acabe con su carrera política, puesto que para unos era la enchufada de Lambán y no la tenían en mucha estima, en tanto que para otros es ahora una peligrosa e indómita “roja” que ha cometido el terrible sacrilegio de ser fiel a sus votantes y no a esa corrupta casta que domina el aparato del partido.

Son personas así las que hacen falta en política, gente honesta y fiel a unos valores éticos que -por muy bajo que tenga el PSOE puesto el listón en ese aspecto- al menos los defiendan por encima de los caciques derechistas de su partido, cuyo socialismo es un engañabobos que la mayor parte de sus militantes ahora ha visto claramente, y por cuyo motivo espero algún día ver a esta cuadrilla de trileros sellando la cartilla del paro.

En ese camino común hacia una sociedad más justa, honesta y solidaria, nos encontraremos muchos que no tenemos carnet de ningún partido, que no ansiamos cargos, ni poder, ni imponer nada más que la decencia en política. Los matices ideológicos son “pecata minuta” en este mundo de corrupción y mafias incrustadas hasta el tuétano de estos partidos. Unos partidos podridos de arriba abajo cuyos dirigentes deben ser expulsados si no quieren desaparecer, porque los españoles nos estamos cansando de dictaduras a plazo fijo.

Somos muchos los nuevos caballeros andantes que ponemos nuestros mayores o menores talentos al servicio de la gente decente que quiera mejorar esta sociedad. Para ello solamente pedimos honestidad y anteponer los intereses de los ciudadanos a los de ellos o de su partido. No somos hinchas de los partidos ni de sus dirigentes, sino de una idea de país que desde hace siglos choca con esta maldita corrupción y esos dirigentes indignos que todo lo que tocan se convierte en basura o comisiones ilegales.

En nuestra mal nacida democracia, los partidos han sido instrumentos de unos pocos caciques al servicio de intereses ocultos o bien a las claras, porque la desvergüenza de esta gente hace que ya ni se oculten. Por ello los militantes han sido anestesiados y convertidos en votantes sin voluntad. Un buen ejemplo lo fue mi padre, que al acudir a un congreso donde al ser interrogado por mí acerca de su voto donde se iba a decidir la línea del PSOE entre los derechizados “felipistas” y el ala izquierda o “guerristas”, el siempre respondía: “A los socialistas”.

-Si, ¿pero a quién?

-A los socialistas

Cuando volvió, no supo decirme lo que había votado. Su responsable del pueblo les dio las candidaturas sin posibilidad de cambio y sin saber por quien habían optado.

Esta no es política de izquierda ni derechas, es simplemente política podrida y de eso PP y PSOE son maestros, aunque no en exclusiva, y son sus militantes quienes tienen que cambiar solitos. No podemos votar por ellos.

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